miércoles, 8 de agosto de 2012

"Historias de un fallido". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.


Un guiño falso

Masticate con la boca abierta en el hall de la infamia,
Atando cabos bajo los zócalos de los prontuarios.
Y eso todavía no se te perdona, cabe recordar que para vos naciste mañana.
Recuerdos para un futuro, sin días, sin brumas ni nostalgias.

Ruiseñora carroñera, por defecto de tu gracia luciste joyas opacas
y pese a la cordura, te brotó escamas en el alma.
Si siempre pediste ayuda de que se trataba,
ya perdiste los aromas de las desgracias en las llamas,
eso pobres lazarillos arrinconados, una fuente inagotable de marañas.

Padeces sin suerte que se inclinara la balanza para la desgracia, una trepadora empedernida donde las vergüenzas no son una opción adecuada.

La mentira en las yemas de tus dedos, reflejadas sobre la taza y los espasmos de suspiros en cada promesa abandonada.
Tres culebras sin cabeza en tus ojos y un candado oxidado en el mirar, tú verdad de calidoscopio que alumbran tan solo en tu ocaso, corderos ciegos acalambrados y sin retorno.

Un tango sin piernas, el drama ambulante estancado,
más cercana del ocaso por fingir atroces desmayos,
sufriéndonos rectitudes morales muy endeble.
Siempre hay alguien que se desvanece entre tus latidos, por ahora eso es solo cuestión de suerte.

Padeces sin suerte que se inclinara la balanza para la desgracia, una trepadora empedernida donde las vergüenzas no son una opción adecuada.

Liendre, migaja de la nada.




lunes, 9 de julio de 2012

"Malas compañías". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.

Un maniático suelta sus carcajadas en el edén

En una noche donde se escarcha la humedad de tus ojos, Dios en su tiempo libre cubre un par de huecos celestiales a paladas de tierra en su jardín privado de su infinita mansión divina. Esos hermosos huecos filtraban la luz de sus estrellas a dos personas, las cueles se marchitaron y desaparecieron.
La consternación estremeció a los pocos fieles que le quedaban sobre una tribuna desolada y caprichosa por entender el significado de una materia ilusoria, inventada solo para envejecer.
Por ese acto se le inició un juicio improvisado dentro de su superado, aburrido monólogo autodidacta.
El reducto judicial se erigió sustentablemente austero, reflejo de su impotencia, no se puede mezclar las glorias y las sentencias, suele provocar indignas sonrisas para tatuarse en las pieles de los que germinaran luego bajo un sol que arde desfallecido.
Se le adjudicó la fiscalía a la sombra de su vejez licuada y en su defensa, la insana burla de un primate, progenitor de asombros, el azar así lo interpretó, un gesto arbitrario desbordado por sutilezas y desazones.
Luego de la exposición Dios es acusado de homicidio doloso, agravado por alevosía y ensañamiento, basado en una ingenuidad pueril, un ritual acostumbrado dentro de su vahído pero este alega en su defensa que las muertes son necesarias para corregir el daño de la felicidad, así coarta la búsqueda incansable por intentar experimentar la sensación de rozar el infinito, en el deseo de eternidad, la iglesia no fue suficiente.
Hoy se lo ve libre, paseando por allí, silbando su malogrado tango, se dice que aquel juez, antes de dictar la sentencia definitiva expresó, “apúrense extraños en adquirir una vida, que últimamente dios, en su vacilante perfección, las supo exponer en oferta”.


lunes, 2 de julio de 2012



"A partir de hoy". Ilustrado por el Dr. humberto Austero.


Los mamertos

La historia acerca de las peculiaridades de una singular metodología de seducción, se podrá calificar como extraña pero en realidad es mucho más común de lo que se imaginan, solo hay que prestar atención a las sutilidades que se observan en las calles, explorada por un delirante sujeto sentimental, incansable y tosco que se podrá tildar como un soñador, pero que no es el único…lamentablemente.
En general el individuo actúa de improvisto, un chasquido espontaneo donde no cabe el tiempo de la duda ni ecuaciones lineales aproximadas sobre sus probabilidades de éxito, una selección natural y arbitraria de puro instinto visceral, eventualmente lleva su cometido en las aceras, espacios libres donde la victima suele despojarse de las miradas inquisidoras que brindan los espacios cerrados.
Su labor es la siguiente, el mamerto enfoca sus artimañas hacia la dama que irradia los encantos necesarios para su soñar, merodea en las astucias requeridas para llamar su atención, de forma etérea como para ser notado sin demasía, se le acerca lo más aproximadamente posible, entonces allí se deja caer de bruces al suelo,  como un desmayo ocasional, es imprescindible caer de cara al suelo ya que deja marcas notoriamente visibles, si las heridas sangran mejor pero ligeramente todo desborde conlleva terror y alejamiento, esta arremetida tiene dos propósitos, una, es incentivar las llamas de las penas y las congojas en las desprevenidas y de paso si el personaje no fue agraciado en la repartija de belleza simular el discernimiento de la mujer por posibles deformaciones fortuitas y temporales, si la suerte lo acompaña la dama ocasional se conmueve y le presta ayuda, será de su ingenio el que logre mantener su atención el tiempo necesario para extraer de ella la mayor confusión necesaria así construir un andamiaje de cariño hacia su persona.
La ingenuidad en estos tiempos se encuentra en un estado de coma irreversible, por lo tanto al mamerto se le dificultan los laureles, teniendo que dejarse caer de boca al piso demasiado seguido, esto provoca una deformación paulatina en su rostro hasta llegar al punto de un desagrado visual tal que ni los agentes sanitarios acuden en su favor, las secuelas cerebrales se hacen tan visible como el balbuceo sin sentidos y si la grata fortuna le concede un esporádico éxito en el cortejo tiempo después aquellas damiselas lo abandonan porque desaparece de ellas el factor lástima, sentimiento imprescindible para mantener incólume el cariño.
Será que sus sueños embaucadores se confinen en una sonrisa pasajera de un anhelo ya desgastado.
Uno debe achacar con cierta hidalguía en la proeza y tozudez de estos personajes que a pesar de todo no hacen otra cosa que ir detrás de sus molinos de vientos, amores mendigos que desbaraten sus soledades.





miércoles, 20 de junio de 2012


"Destellos de siembras en Pompei". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.

Flores de polvo

Tulio vertía con bastante meticulosidad agua sobre un masetero en el ala este de su vivero en Pompei, para él representaba un festín la espera de convertir su trabajo en colores. Por detrás, escuchó un fuerte rugido que parecía provenir de las entrañas de la montaña, tan fuerte que paralizó el sol que cubría con gracia la ciudad y su costa, por la ladera cercana a la cumbre brotaba una espesa humareda que se alzaba al cielo como brazos demandante de cariño, con la atención de la población puesta en ella dejó emerger otro gran estruendo desde su interior, un sonido aterrador, de una profundidad tal que contaminaba de fríos los espíritus de quienes se atrevía en presenciarlo.
Un espectáculo atroz que esgrimía el teatro del terror, el cielo se transformaba en una gigantesca cúpula negra que lo cubría todo impidiendo el reinado del sol, ni siquiera  filtraba algún hilo de su luz, por sobre la cima, en su naturaleza animal, un improvisado telón representaba relámpagos rufianes que se asomaban impetuosos acompañados de un ensordecedor tronar sacudiendo en ondas la vegetación, el caos gobernaba a la población huyendo de una nada inentendible en una situación inesperada que perforaban sus actos.
En su última teatralización la montaña vomitó fuegos de piedras incandescentes, nieve pómez por cada rincón, las miradas solo lograban distinguir las cercanías de aquella monstruosidad después de allí todo se transformaba en cegueras, una lengua roja se deslizaba sobre la ladera acechando la metrópoli, se volvió la vida en corridas, de un escondite inútil a otro, Tulio emprendió su fuga hacia su vivero, se tropezó con llantos y griteríos, suplicas y desconciertos, se topó con soldados que cazaban vidas jóvenes para ofrecerlas en sacrificio y así saciar la voracidad de la montaña, a duras penas pudo distinguir su parcela, a tientas tomó del interior de una vasija sus sueños y corrió hacia la costa, una vez allí, con sus pies posados donde se estrellaba el oleaje sobre la arena de una línea marina en retirada observó como una cobija de polvo denso descendía de la cumbre, a su letal paso, la pútrida muerte carbonizaba los latidos, Tulio no podía comprender el por qué sus dioses deseaban devorar su cielo con aullidos, negruras y fuego, saboreó con amarguras como engullía vidas de maneras espeluznante, a unos pocos metros de él, antes de ser alcanzado por la trampa ardiente cayó sobre la playa, llevó su tesoro al interior de sus manos entrelazadas, custodiaba las semillas de su flor preferida, su legado, cuando su espalda parecía arder se volvió protección en forma fetal.
Una hermosa flor saborea la salina ventisca en los días del hoy, resurge, se vuelve héroe y llora en colores sus recuerdos.


miércoles, 13 de junio de 2012


El verdugo desprevenido de Borges


"Las andanzas del lobo añoso". Ilustrada por el Dr. Humberto Austero.

Una brisa desafiante y bonita arremolinaba sus largas piernas por entre el barral de la farola de la esquina de Carlos Calvo y Ayacucho, tenue, dispersaba un halo aloque sobre el empedrado, por detrás de la misma, en penumbras, apenas apoyado sobre la farola como con cierto desgano Borges afilando meticulosamente la hoja de una navaja, un sonido disperso brotaba de él, un alcalino refunfuñar o una silbatina ronca y apagada de un arrabal en fuga.
El silencio le cedió espacio a la caminata de una silueta, la suela rechinaba sobre la calle del viejo San Telmo, por lo lejos se divisaba un sobrero envuelto en herrumbres de nicotinas y olor a sabueso, el malevo desafiaba el paso acercándosele al escritor, con un gesto austero en la comisura de su labio brindó los primeros acordes de la milonga, un brazo extendido invitando al baile, Borges accedió dentro de su pánico armonioso que acostumbraba llevar a cuesta, promediando la milonga, acercó su boca al oído del malevo, una voz cortada profanaba la melodía, entre murmullos diseñó un atentado contra el general, que desacomodaba la biblioteca del literato por esos días, un odio de contrición muscular, una molestia en el tic tac del reloj.
Al escurrirse el nuevo sol de la mañana, un velo de paranoia comenzó a surcar por las venas del ensayista, burlaba las sombras del numero veintitrés por cada uno de los rincones de la histérica Buenos Aires, lo acorralaba en su frio despertar, maniatando una valentía perdida entre las tintas de las palabras, desmoronaba sonrisas, ímpetus, glorias apartadas, solo dejaba aliento necesario de una virtuosa escritura.
Una acuarela de grises sobre el contorno de un cuerpo inerte en el piso de la habitación, en el bache del espacio, a veintitrés pasos de su aleph embriagaba su cuerpo con sangre, manantial de penumbras que nacía de una daga otomana incrustada sobre su abdomen.
El verdugo acomodaba su solapa con indulgencia, de aquellas  que redimía la aburrida laberíntica cobardía del viejo poeta, recorriendo la nada del postrero rio en su barca de hiel, nos brinda en su fausta memoria un abismo de inmortalidad.




martes, 5 de junio de 2012


Hoyos en el suelo del cielo


"Sedas de sedas". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.

Sostenido desde la cornisa del edificio en un dormitar perplejo descansaban mis restos, desde allí se podía distinguir una diferente fauna dispersa, el mirón y su ojo alargado, el astuto precavido y los arropes de antaño.
En una caída prolongada acordamos no intuir el golpe venidero, con esa pisca de atontamiento necesario no posamos sobre la calle, el oleaje de inundación por una lluvia persistente nos arrastró dentro de su trajinar, tropezando a duras penas, chocando con obstáculos necesarios, nadamos sobre una avenida Corrientes totalmente inundada, dejándonos llevar hasta su meca de desmayo, fue como estar en medio de un ji ji ji tandilense nuevamente, sosteniéndonos por algarabías desde nuestros brazos contenedores.
Reparamos en el baño de un  crispado bar vomitado, tratamos de licuar vejigas  esquivando nauseas y como siempre fuiste mucho más valiente que yo, allí pude decirte a mi manera encubridora lo mucho que se te extraña…
Una casona antigua de Belgrano me albergaba en el cuidado de la niña de otra, de la mujer de otro. Un afecto estabilizador, que diluye lo sombrío, corrimos en círculos al parque en sentido contrario a los habitués del atardecer. Escalera interminables de un fausto madero y tú locución por detrás siempre austera y tranquilizadora, sorteamos grillos atrapados sobre las paredes blanquecinas sujetos por pequeños alfileres, unos reos del soñar. El beso de ella tranquilizó el néctar de mis nervios y así pudimos charlar relajados como niños de brea que alguna vez fuimos…
El jinete sin cabeza se quedó calvo por los nervios tratando de armar el puzle de un castillo invisible, Bernardo cantaba el himno español mientras dormía por las noches humillando al zorro que incurría en busca de consuelo cabalgando sobre el brillo de la luna.
Y uno que sigue aquí siendo una pieza de su interminable juego enfermizo, acaso tal vez, los sueños se comporten como nuestro nuevo escondite.

Dedicado a las visitas del Dr. N y el Dr. D, no así a la del Jinete sin cabeza.




martes, 29 de mayo de 2012


El bar de la esquina escondida


"Pericias desgastadas en las vitrinas de tus ojos". Ilustrado por el Dr, Humberto Austero.

Con sus puertas entreabiertas como cediéndole el paso a la helada marginal, en el bar de la esquina escondida donde todos alguna que otra vez hemos concurrido, consumido su naturaleza  y nos han echado por la escaza propina, Ulises buscaba la pestaña perdida de Claudia en los finales de las botellas vacías pero solo hallaba allí un maquillaje corrido.
Esas sillas desvencijadas acunaban una promisoria concurrencia como malhechores de ternura, los agrios sindicalistas de la locura, las sirenas con sus ojos de morfina entibia, los homicidas de la luz con sus corazones de color calcio, los inmortales de la grieta arcángel, los de almas vacías con sus bolsillos de lino agujereados, los penantes recién liberados del solsticio de Júpiter.
Ulises en aquella noche se sienta junto a la ventana, su vidrio resquebrajado dejaba filtrar moho y sopor de aromas podridos del aire callejero.
Las primeras gotas desmayadas del cielo caían sobre la selva de la calle, mediaba la botella sobre su mesa, bajo un desconcierto, dentro de la misma, resonó un encantador brillo que lo cautivó, un acontecimiento común que lo llevaba a tomar decisiones según la intensidad de resplandor, en este caso Ulises quedó paralizado con una sonrisa que colgaba de su rostro, tomó la decisión correspondiente, una medida liberadora y por los motivos de sus rastro altamente consoladora, desde el exterior brotó un espasmódico chirrido de cubierta proveniente de un fugitivo automóvil, junto a él, un ensordecedor estallido seco, Ulises percibió  como el cristal del ventanal se resquebrajaba en millones de surcó, después no vio más nada, todo se volvió negro y grumo bermellón. 



martes, 22 de mayo de 2012


Vasta confusión sobre una mueca mordaz


"El Saladillo de mimbre". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.

Una banda de pájaros huye a chillidos por sobre la ciudad, desorganizados y arremolinando torpezas, los intima la presencia del quién mira de reojo a los sonrientes, el del parpadeo nervioso con su inquieto sacudón constante, arrastra su penar sobre las superficies tribales, el ambicioso parece nacido desde un sótano con humedad iodo, el cual impregnó sus pasos perpetuamente.
El habitante percibe el aroma a temor, cruza sigiloso el hall, borrando sus huellas con un edredón de silencios, tratando de volverse el respirar mudo, un temor helado que lacera su piel en un formato imperceptible.
Tanto pavor sucumbía sus rodillas, flojas, lo dejaban caer, anclaba sus manos sobre el empapelado de las paredes, se volvían garras, rechinando sus uñas hasta el quiebre de algunas de ellas, sobre las manchas de sangre los serafines posaban sus lenguas de loros  marchitas.
Ojos de tempestades en el rostro abatido sobre el suelo, lloviznas de lodo teñían de un tizne rojizo la visión y el estupor de una soledad loteada, un agrietado quejido sobre la limosna de la esperanza, escuálido espirito para levantar, una bocanada lánguida hacia la nada atrapó pelusas de amoniaco del residente, con los riesgos de varias mentiras abrió una puerta hecha de astillas, por detrás de la misma, azorado perenne, contempló en su resignación matinal, a su dios tanteando nuevas piruetas para su conformidad.






miércoles, 16 de mayo de 2012


Persisten en comienzos memorables con tan poca cosa.


"Traumas y revueltas". Ilustrado por el Dr, Humberto Austero.


Porque hay una mosca en nuestra corteza cerebral surcando entre las neuronas, susurrando ondas a través de su incansable aleteo que confunde el discernimiento, al cual diluye o estanca según su acercamiento.

Porque hay una mosca que se posa sobre el verde musgo de los recuerdos, desgastando un futuro repleto de memorias vagas y reticentes.

Porque hay una mosca asediando tu endeble instinto humano, una espinilla polar en la curvatura del mirar.

Porque hay una mosca flotando en el torrente sanguíneo, tratándose de liberar constantemente a puro esfuerzo y cuya única fuga posible es a través de una herida abierta.

Porque hay una mosca en el tartamudo sueño, te despierta en la pradera de sus ojos por un sacudón helado que flota, marchitando la ilusión consiente, un adormecimiento soporífero que embellece el final.

Porque hay una mosca velando cada uno de nuestros corazones, haciéndolos sorderas con su zumbido, marchitando su galope, así entonces se posa sobre el hedor de las sobras de amor, fascinada, baila mordaz y embriagada de insana pasión, un luto gozoso de fénix y oscuridad perdurable.

Y porque hay una mosca en el filo del riel, esperando que el brillo depare estampidas, porque señores…esto es así.


Bienvenidos a la infamia.



lunes, 14 de mayo de 2012

Prólogo para un profundo desatino


"Insomnio sobre la piel". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.


RED RIGHT HAND


Ve a dar un pequeño paseo por los límites de la ciudad y cruza las vías
donde el viaducto emerge como un pájaro de perdición
mientras cambia y se quiebra.
Donde secretos yacen en los fuegos de la frontera
y en los cables zumbando.
Hey amigo, sabes que ya nunca regresarás
pasando la plaza, pasando el puente
pasando los molinos, pasando las parvas.
En una tormenta formándose, viene un hombre alto y apuesto
en un sobretodo negro y polvoriento con una mano derecha roja.


El te tomará en sus brazos
te dirá que has sido un buen chico,
él revivirá todos los sueños
que te llevó una vida destruir,
él alcanzará lo profundo del hoyo
sanará tu alma encogida
pero no habrá ni una sola cosa que puedas hacer,
él es un dios, él es un hombre,
él es un fantasma, él es un gurú.
Están susurrando su nombre a través de esta tierra desaparecida
pero escondida en su sobretodo hay una mano derecha roja.


¿No tienes dinero?
Él te conseguirá un poco
¿No tienes auto?
Él te conseguirá uno,
no tienes respeto propio,
te sientes como un insecto.
Bueno, no te preocupes, amigo
porque aquí viene él
a través de los guetos y el barrio
y las villas y los tugurios.
Una sombra se proyecta donde sea que él se pare,
montones de papel verde en su mano derecha roja.


Lo verás en tus pesadillas,
lo verás en tus sueños,
él aparecerá de la nada
pero él no es lo que parece ser.
Lo verás en tu cabeza
y en la pantalla del televisor.
Hey amigo, ¡te estoy advirtiendo que lo apagues!
Él es un fantasma, él es un dios,
él es un hombre, él es un gurú.
Vos sos una pieza microscópica
dentro de su plan catastrófico
diseñado y dirigido por su mano derecha roja.


Autores: Nick Cave & the bad seed.