miércoles, 20 de junio de 2012


"Destellos de siembras en Pompei". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.

Flores de polvo

Tulio vertía con bastante meticulosidad agua sobre un masetero en el ala este de su vivero en Pompei, para él representaba un festín la espera de convertir su trabajo en colores. Por detrás, escuchó un fuerte rugido que parecía provenir de las entrañas de la montaña, tan fuerte que paralizó el sol que cubría con gracia la ciudad y su costa, por la ladera cercana a la cumbre brotaba una espesa humareda que se alzaba al cielo como brazos demandante de cariño, con la atención de la población puesta en ella dejó emerger otro gran estruendo desde su interior, un sonido aterrador, de una profundidad tal que contaminaba de fríos los espíritus de quienes se atrevía en presenciarlo.
Un espectáculo atroz que esgrimía el teatro del terror, el cielo se transformaba en una gigantesca cúpula negra que lo cubría todo impidiendo el reinado del sol, ni siquiera  filtraba algún hilo de su luz, por sobre la cima, en su naturaleza animal, un improvisado telón representaba relámpagos rufianes que se asomaban impetuosos acompañados de un ensordecedor tronar sacudiendo en ondas la vegetación, el caos gobernaba a la población huyendo de una nada inentendible en una situación inesperada que perforaban sus actos.
En su última teatralización la montaña vomitó fuegos de piedras incandescentes, nieve pómez por cada rincón, las miradas solo lograban distinguir las cercanías de aquella monstruosidad después de allí todo se transformaba en cegueras, una lengua roja se deslizaba sobre la ladera acechando la metrópoli, se volvió la vida en corridas, de un escondite inútil a otro, Tulio emprendió su fuga hacia su vivero, se tropezó con llantos y griteríos, suplicas y desconciertos, se topó con soldados que cazaban vidas jóvenes para ofrecerlas en sacrificio y así saciar la voracidad de la montaña, a duras penas pudo distinguir su parcela, a tientas tomó del interior de una vasija sus sueños y corrió hacia la costa, una vez allí, con sus pies posados donde se estrellaba el oleaje sobre la arena de una línea marina en retirada observó como una cobija de polvo denso descendía de la cumbre, a su letal paso, la pútrida muerte carbonizaba los latidos, Tulio no podía comprender el por qué sus dioses deseaban devorar su cielo con aullidos, negruras y fuego, saboreó con amarguras como engullía vidas de maneras espeluznante, a unos pocos metros de él, antes de ser alcanzado por la trampa ardiente cayó sobre la playa, llevó su tesoro al interior de sus manos entrelazadas, custodiaba las semillas de su flor preferida, su legado, cuando su espalda parecía arder se volvió protección en forma fetal.
Una hermosa flor saborea la salina ventisca en los días del hoy, resurge, se vuelve héroe y llora en colores sus recuerdos.


5 comentarios:

Mariela dijo...

Muchas gracias por tu comentario! Agradezco tu interés. Muy interesante tu blog..lo mantendré en mis feeds ;)

Dr. Humberto Austero dijo...

Mariela, gracias por tus palabras, desde ya el interés es mutuo, pendiente de tus letras.

Un gran abrazo.

Towanda dijo...

Dos escenas que contrastan a la perfección. Por un lado Tulio, en la paz de su vivero y por otro la negrura, el pánico y el dolor.
¡Estupenda historia!
Un placer inmenso leerte y felicitarte.
Abrazos.

Dr. Humberto Austero dijo...

Towanda, es necesario encontrar destellos en la oscuridad para el continuar, una evolución que no busca osadía sino reflejos de humanidad. Te agradezco profundamente tus reparos hacia estas letras, brindan inteciones de seguir.

Un fuerte abrazo.

Towanda dijo...

Claro que hay que seguir, en esto y en todo... siempre adelante.
Un beso muy grande.