martes, 5 de junio de 2012


Hoyos en el suelo del cielo


"Sedas de sedas". Ilustrado por el Dr. Humberto Austero.

Sostenido desde la cornisa del edificio en un dormitar perplejo descansaban mis restos, desde allí se podía distinguir una diferente fauna dispersa, el mirón y su ojo alargado, el astuto precavido y los arropes de antaño.
En una caída prolongada acordamos no intuir el golpe venidero, con esa pisca de atontamiento necesario no posamos sobre la calle, el oleaje de inundación por una lluvia persistente nos arrastró dentro de su trajinar, tropezando a duras penas, chocando con obstáculos necesarios, nadamos sobre una avenida Corrientes totalmente inundada, dejándonos llevar hasta su meca de desmayo, fue como estar en medio de un ji ji ji tandilense nuevamente, sosteniéndonos por algarabías desde nuestros brazos contenedores.
Reparamos en el baño de un  crispado bar vomitado, tratamos de licuar vejigas  esquivando nauseas y como siempre fuiste mucho más valiente que yo, allí pude decirte a mi manera encubridora lo mucho que se te extraña…
Una casona antigua de Belgrano me albergaba en el cuidado de la niña de otra, de la mujer de otro. Un afecto estabilizador, que diluye lo sombrío, corrimos en círculos al parque en sentido contrario a los habitués del atardecer. Escalera interminables de un fausto madero y tú locución por detrás siempre austera y tranquilizadora, sorteamos grillos atrapados sobre las paredes blanquecinas sujetos por pequeños alfileres, unos reos del soñar. El beso de ella tranquilizó el néctar de mis nervios y así pudimos charlar relajados como niños de brea que alguna vez fuimos…
El jinete sin cabeza se quedó calvo por los nervios tratando de armar el puzle de un castillo invisible, Bernardo cantaba el himno español mientras dormía por las noches humillando al zorro que incurría en busca de consuelo cabalgando sobre el brillo de la luna.
Y uno que sigue aquí siendo una pieza de su interminable juego enfermizo, acaso tal vez, los sueños se comporten como nuestro nuevo escondite.

Dedicado a las visitas del Dr. N y el Dr. D, no así a la del Jinete sin cabeza.




2 comentarios:

Towanda dijo...

Hola Dr.H Austero:
Un placer descubrirte y encontrarme con este sitio especial. Curiosos son los sueños y el universo tan inmenso que albergan en su interior.
Aquí me tienes como una nueva seguidora y espero que también como amiga.
Un abrazo desde Madrid, en una tarde en la que se agradece que hayan bajado las temperaturas.

Dr. Humberto Austero dijo...

Towanda, el placer es mio al tener la posibilidad de recibirte en este espacio, desde ya cuentas con una amistad desde está esquina del mundo, la cual está helada el día de hoy.

Los sueños a veces son tan curiosos que se confunden con el universo, hay brillos y oscuridades dentro de una amalgama de diferentes tonalidades.

Un abrazo desde mi Buenos Aires hasta tu bella Madrid, recuerdo con ciertas nostalgias sus callecitas.