Persisten
en comienzos memorables con tan poca cosa.
Porque hay una mosca en
nuestra corteza cerebral surcando entre las neuronas, susurrando ondas a través
de su incansable aleteo que confunde el discernimiento, al cual diluye o
estanca según su acercamiento.
Porque hay una mosca que se
posa sobre el verde musgo de los recuerdos, desgastando un futuro repleto de
memorias vagas y reticentes.
Porque hay una mosca asediando
tu endeble instinto humano, una espinilla polar en la curvatura del mirar.
Porque hay una mosca flotando
en el torrente sanguíneo, tratándose de liberar constantemente a puro esfuerzo
y cuya única fuga posible es a través de una herida abierta.
Porque hay una mosca en el
tartamudo sueño, te despierta en la pradera de sus ojos por un sacudón helado que
flota, marchitando la ilusión consiente, un adormecimiento soporífero que
embellece el final.
Porque hay una mosca velando
cada uno de nuestros corazones, haciéndolos sorderas con su zumbido,
marchitando su galope, así entonces se posa sobre el hedor de las sobras de
amor, fascinada, baila mordaz y embriagada de insana pasión, un luto gozoso de
fénix y oscuridad perdurable.
Y porque hay una mosca en el
filo del riel, esperando que el brillo depare estampidas, porque señores…esto es
así.
Bienvenidos a la infamia.

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